“Luego echó agua en una palangana y se puso a lavar los pies de los discípulos y a secárselos con la toalla que llevaba a la cintura.”
Juan 13:5
Cuando la gratitud es verdadera, no se queda solo en palabras. Se convierte en respuesta. Se vuelve servicio. En Juan 13 vemos a Jesús lavando los pies de sus discípulos. Qué escena tan profunda. El Señor, sabiendo quién era y de dónde venía, tomó la toalla y sirvió.
Eso nos muestra que el corazón seguro en el Padre y lleno de amor puede darse a los demás con libertad. La gratitud hace eso. Nos saca de una vida centrada solo en lo que recibimos y nos lleva a responder con amor práctico.
A veces queremos sentir gratitud, pero seguimos viviendo muy enfocados en nosotros mismos. Y eso limita el crecimiento espiritual. Porque la gratitud madura también se expresa en servicio, generosidad, consideración y entrega. Quien ha sido tocado por la gracia de Cristo no solo agradece con la boca. Empieza a amar con las manos.
Servir desde la gratitud no es activismo vacío. No es tratar de ganar el amor de Dios. Es responder al amor que ya hemos recibido. Es decir con la vida: “Señor, gracias por lo que has hecho por mí. Quiero que otros también experimenten algo de tu amor por medio de mi servicio”.
Hoy puedes preguntarte: ¿Cómo puede mi gratitud tomar forma práctica? ¿A quién puedo servir? ¿A quién puedo animar? ¿Qué acto de amor puedo ofrecer como respuesta a la gracia de Cristo? A veces una gratitud bien encarnada vale más que muchas palabras bonitas.
Oración:
Jesús, gracias por servirnos con amor y humildad. No permitas que mi gratitud se quede solo en palabras. Enséñame a responderte sirviendo a otros con gozo, sencillez y amor verdadero. Amén.
Devocional en YouTube: https://youtu.be/9Ed0r0tTzhQ

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