Y que la paz de Cristo reine en sus corazones, porque con este propósito los llamó Dios a formar un solo cuerpo. Y sean agradecidos.
Colosenses 3:15
Hay una relación profunda entre paz y gratitud. Pablo dice: “Que gobierne en sus corazones la paz de Cristo… Y sean agradecidos”. No es casualidad que estas dos realidades aparezcan juntas. Un corazón agradecido le da más espacio a la paz de Cristo. Y un corazón dominado por la queja, la amargura o la ansiedad se vuelve terreno difícil para esa paz.
La paz de Cristo no es ausencia de lucha. Es el gobierno de su presencia en medio de la lucha. Es saber que, aunque no todo está resuelto, el Señor sigue sosteniendo nuestra vida. Y la gratitud coopera con esa paz porque nos ayuda a recordar que no estamos solos, no estamos abandonados y no estamos fuera del alcance de su amor.
Cuando agradecemos, el corazón se acomoda de nuevo delante de Dios. La ansiedad pierde parte de su fuerza. La comparación pierde parte de su veneno. La amargura pierde parte de su control. No porque nuestros problemas desaparecen, sino porque Cristo vuelve a ocupar el centro.
Colosenses también nos llama a que la palabra de Cristo habite en abundancia en nosotros. Allí está otra clave. La gratitud no se sostiene solo por fuerza de voluntad. Se sostiene cuando la Palabra llena la mente y ordena el corazón. Cuando Cristo habita con libertad, la gratitud ya no es algo ocasional, sino una atmósfera interior.
Hoy puede ser un buen día para preguntarte: ¿Qué está gobernando mi corazón? ¿La paz de Cristo o la agitación de mis pensamientos? La gratitud puede ser una puerta para volver al gobierno suave y firme del Señor.
Oración:
Señor, que tu paz gobierne mi corazón. Líbrame de vivir dominado por la ansiedad, la comparación o la amargura. Llena mi interior con tu Palabra y forma en mí una gratitud que abra espacio a tu paz. Amén.Devocional en YouTube: https://youtu.be/sWj9g19SDY0

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