Viviendo una vida centrada en Cristo

“5 Tengan unos con otros la manera de pensar propia de quien está unido a Cristo Jesús, 6 el cual: Aunque existía con el mismo ser de Dios, no se aferró a su igualdad con él, 7 sino que renunció a lo que era suyo y tomó naturaleza de siervo. Haciéndose como todos los hombres y presentándose como un hombre cualquiera, 8 se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, hasta la muerte en la cruz.”

Filipenses 2:5–11

La gratitud y la humildad caminan juntas. Un corazón agradecido reconoce que ha recibido gracia. Y un corazón humilde sabe que no vive como centro del universo. Cuando la humildad falta, la gratitud se debilita. Porque empezamos a pensar que todo debería acomodarse a nuestras expectativas.

Filipenses 2 nos muestra a Cristo en su humildad. Él, siendo quien era, no se aferró a sus derechos, sino que se despojó, se humilló y obedeció hasta la muerte de cruz. Qué contraste con nuestro corazón, que tantas veces quiere exigir, reclamar, comparar o resistirse.

La gratitud nos hace descender del trono donde a veces nos colocamos secretamente. Nos recuerda que todo es gracia. Nos enseña a vivir recibiendo, no exigiendo. Nos ayuda a tratar a otros con más paciencia y a Dios con más reverencia.

Esto también toca nuestra vida diaria. Muchas veces detrás de la murmuración, del resentimiento o de la inconformidad hay una raíz de orgullo. Pero cuando Cristo forma en nosotros su actitud, comenzamos a responder de otra manera. Aprendemos a agradecer más, a demandar menos, a servir con mayor libertad y a reconocer que el Señor ha sido mejor con nosotros de lo que merecíamos.

La humildad de Jesús no nos humilla para destruirnos. Nos humilla para sanarnos. Para liberarnos del peso de vivir centrados en nosotros mismos. Y allí, en ese terreno más bajo y más sano, la gratitud florece con más pureza.

Oración:

Jesús, forma en mí tu actitud. Líbrame del orgullo que apaga la gratitud. Enséñame a vivir con humildad, reconociendo tu gracia y respondiendo con obediencia, amor y agradecimiento. Amén.

Devocional en YouTube: https://youtu.be/hmACbOp988U

Deja un comentario