“Danos hoy el pan que necesitamos.”
Mateo 6:11
Muchas veces pensamos en gratitud en relación con grandes milagros, grandes respuestas o grandes momentos. Pero Jesús nos enseñó a pedir: “Danos hoy nuestro pan cotidiano”. Eso nos muestra que el corazón del discípulo aprende a reconocer a Dios también en lo diario, en lo sencillo, en lo pequeño.
Hay una gratitud madura que no necesita esperar acontecimientos extraordinarios para despertarse. Aprende a dar gracias por el aire, por la mesa, por una conversación, por fuerzas para trabajar, por una puerta que sigue abierta, por un hermano que anima, por una oportunidad más para obedecer, por una mañana más de vida. Eso no es superficial. Eso es profundamente espiritual.
El problema es que el corazón humano tiende a acostumbrarse. Lo cotidiano deja de parecernos milagroso. Lo sencillo se vuelve invisible. Y así empezamos a pasar por alto pequeñas expresiones de la fidelidad de Dios. Pero la gratitud en lo pequeño forma el corazón para reconocer a Dios también en lo grande.
Jesús no vivió desconectado de la vida real. Él supo vivir con el Padre en lo cotidiano. Por eso también nosotros necesitamos aprender a ver la mano de Dios en lo sencillo. Quien no agradece el pan diario difícilmente sabrá manejar correctamente los dones mayores.
Tal vez hoy no estás viviendo algo espectacular. Pero sí estás recibiendo misericordias pequeñas y constantes. Y si aprendes a verlas, descubrirás que en realidad no son tan pequeñas. Son señales de que Dios sigue cuidando de ti.
Oración:
Padre, abre mis ojos para verte en lo cotidiano. Perdóname cuando paso por alto tus misericordias diarias. Enséñame a agradecerte por el pan de cada día y por cada expresión sencilla de tu amor. Amén.
Devocional en YouTube: https://youtu.be/u-EXzxkJ3ak

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