Bendeciré al Señor con toda mi alma; no olvidaré ninguno de sus beneficios.
Salmo 103:2
Qué importante es este versículo: no olvides. Porque uno de los grandes peligros del corazón humano no es solo el pecado, sino también el olvidarnos de manera silenciosa.
Con el tiempo, podemos olvidar de dónde nos sacó Dios. Podemos olvidar respuestas a oraciones, momentos de provisión, tiempos donde su consuelo nos sostuvo, personas que puso en el camino, puertas que abrió, pecados que perdonó y cargas que llevó con nosotros. Y cuando olvidamos, la gratitud se debilita.
La memoria espiritual es una forma de salud del alma. Recordar lo que Dios ha hecho nos protege de endurecernos. Nos ayuda a interpretar mejor el presente. Nos da esperanza para el futuro. Nos recuerda que el Dios que fue fiel antes no ha dejado de ser fiel ahora.
A veces, cuando estamos cansados o heridos, solo vemos la parte dolorosa de la historia. Pero la gratitud nos invita a mirar toda la historia con Dios dentro de ella. Sí, hubo momentos difíciles. Sí, hubo lágrimas. Sí, hubo espera. Pero también hubo gracia, sostén, dirección, paciencia y amor.
Recordar es una forma de volver a agradecer. Tal vez hoy te haría bien detenerte y repasar tu camino con Dios. No solo este último mes. También los últimos años. ¿Dónde viste su mano? ¿Cuándo te sostuvo? ¿Qué puertas abrió? ¿Qué cosas sanó? ¿Qué pecados perdonó? ¿Qué personas te regaló?
Cuando el alma recuerda, el corazón se ablanda. Y donde el corazón se ablanda ante Dios, la gratitud vuelve a crecer.
Oración:
Señor, no quiero olvidar tus beneficios. Ayúdame a recordar tu fidelidad, tu paciencia y tu misericordia en mi vida. Haz que mi memoria espiritual alimente una gratitud profunda y sincera. Amén.
Devocional en YouTube: https://youtu.be/daeOtnYSKi4

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