Fijemos nuestra mirada en Jesús, pues de él procede nuestra fe y él es quien la perfecciona. Jesús soportó la cruz, sin hacer caso de lo vergonzoso de esa muerte, porque sabía que después del sufrimiento tendría gozo y alegría; y se sentó a la derecha del trono de Dios.
Hebreos 12:2
La gratitud verdadera no comienza en las circunstancias. Tampoco comienza en lo que tenemos o en lo que nos falta. La gratitud comienza cuando levantamos los ojos del corazón y volvemos a ver a Jesús.
Muchas veces nuestro corazón se llena más fácilmente de preocupación, cansancio, comparación o queja. Nos enfocamos tanto en lo difícil, en lo pendiente o en lo que no salió como esperábamos, que sin darnos cuenta dejamos de mirar al Señor. Y cuando dejamos de mirar a Jesús, también empezamos a perder la capacidad de agradecer.
Hebreos 12:2 nos llama a “fijar la mirada en Jesús”. Eso es más que una idea bonita. Es una decisión espiritual. Es reenfocar el corazón. Es dejar de darle el centro a nuestras cargas y volver a darle el centro a Cristo. Porque cuando miramos a Jesús, recordamos quién es Él: fiel, misericordioso, paciente, santo, cercano y lleno de gracia. Recordamos también lo que ha hecho por nosotros en la cruz. Y allí, en esa contemplación, la gratitud empieza a nacer de nuevo.
Tal vez hoy no tienes todas las respuestas. Tal vez sigues cargando preocupaciones reales. Pero aun así puedes comenzar por esto: volver la mirada a Jesús. No necesitas esperar a que todo mejore para agradecer. Puedes agradecer porque Cristo sigue siendo Cristo. Sigue reinando. Sigue amando. Sigue obrando. Sigue sosteniéndote.
La gratitud madura no nace de una vida perfecta. Nace de un corazón que vuelve a contemplar al Salvador.
Oración:
Señor Jesús, hoy quiero volver a mirarte a ti. Ayúdame a no vivir dominado por lo que me preocupa, sino por tu presencia y tu fidelidad. Despierta en mí una gratitud que nace de contemplarte. Amén.
Devocional en YouTube: https://youtu.be/nildvMaAW7Q

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