Viviendo una vida centrada en Cristo

“Yo te he glorificado en la tierra; he terminado la obra que me encomendaste.”

Juan 17:4.

Hay gente que llega al final de su vida con un lamento: “tan poco hecho… tanto por hacer.” Y en cierto sentido, todos lo sentimos. Nuestros planes nunca se acaban. Las expectativas de otros tampoco. La lista sigue creciendo hasta el último día.

Pero Jesús, mirando de frente la cruz, pudo decir algo totalmente distinto: “He terminado la obra que me encomendaste.” Juan 17:4.

Y en la cruz, lo gritó con una sola palabra que cambió el universo:“¡Todo se ha cumplido!” “¡Consumado es!” Juan 19:30.

No fue un suspiro de alivio: “¡por fin terminó!”

No fue un gemido de derrota: “ya no pude más.”

Fue un grito de victoria. Mateo y Marcos lo describen como “gran voz”Mateo 27:50Marcos 15:37. Jesús “rugió” el final, como campeón que cruza la meta.

Porque en el griego esa palabra se dice “teleo” y no significa “se acabó y ya.” Significa: completado, realizado, pagado por completo, llevado hasta el final. Era la palabra que un siervo podía decir cuando terminaba la tarea asignada. Y Jesús la usó para declarar: “Padre, terminé todo lo que me diste.”

¿Y qué “terminó”?

  • Terminó la obediencia perfecta que tú y yo no logramos.
  • Terminó el cumplimiento de las profecías.
  • Terminó el sacrificio que cubre el pecado.
  • Terminó la obra que abre el camino al Padre.

En otras palabras: la salvación no quedó a medias. No falta una parte que tú y to tengamos que completar con nuestro rendimiento. No es “Jesús hizo el 80% y tú pones el 20%.” No. Él lo llevó hasta el final.

Eso nos cambia la vida en dos direcciones.

  1.  Nos da seguridad delante de Dios.

Si “consumado es” es verdad, entonces la base de tu relación con Dios no es tu desempeño, sino la obra terminada de Cristo. Cuando caes, no huyes: vuelves. Cuando dudas, no te escondes: nos aferramos. Porque tu esperanza no es “qué tan fuerte soy yo”, sino “qué tan completo fue Él.”

Y aquí entra la resurrección: el “teleo” no fue una frase bonita antes de morir. La resurrección fue la confirmación del Padre: “sí, está terminado; sí, lo acepto; sí, mi Hijo venció.” El domingo es el sello de que la obra quedó cerrada y victoriosa.

  • Nos cambia cómo definimos éxito en nuestra vida.

Jesús no intentó cumplir expectativas humanas. Cumplió la asignación del Padre. Y eso nos libera. No estás llamado a hacerlo todo, ni a complacer a todos, ni a demostrar tu valor con productividad. Estás llamado a hacer lo que Dios te encomendó en esta temporada.

Éxito, entonces, no es “logré más que otros.”

Éxito es: obedecí al Padre y lo glorifiqué con lo que me dio.

Eso trae paz. Porque un día, tú también podrás cerrar los ojos para el descanso, no por haber hecho “todo lo que se podía hacer”, sino por haber hecho lo que Dios te dio.

Preguntas de reflexión:

  • ¿De qué maneras sueles medir el éxito en la vida según tus propios estándares o los de otras personas?
  • ¿Cómo podría afectar a tus pensamientos, decisiones y vida diaria el hecho de centrarte en completar la tarea que Dios te ha encomendado?

Paso práctico (hoy):

Hazte dos preguntas rápidas:

  1. “¿Qué estándar estoy usando para medir mi vida: el mío, el de la gente, o el del Padre?”
  2. “¿Qué tarea sencilla y obediente me encomendó Dios hoy?”

Elige una y hazla con paz: una llamada, un perdón, un servicio, una conversación, una hora de descanso sin culpa, un acto de generosidad. Hazlo como adoración.

Oración:

Padre, gracias por Jesús. Gracias porque Él terminó la obra. Gracias porque en la cruz no hubo derrota, sino triunfo: “¡Consumado es!” Ayúdanos a vivir desde esa seguridad, no desde la culpa o la presión. Enséñanos a discernir tus asignaciones para nuestra vida en esta temporada y a cumplirlas con fe, humildad y gozo. Y mientras caminamos hacia la Pascua, que la cruz sea nuestro fundamento y la resurrección nuestra esperanza. En el nombre de Jesús. Amén.

Devocional en YouTube: https://youtu.be/ddDsA3Yxmpw

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