Viviendo una vida centrada en Cristo

“También llevaban a otros dos, que eran malhechores, para ejecutarlos junto con Jesús.”

Lucas 23:32

¿De dónde viene la fe? A veces es un misterio. La Biblia nos deja claro que la fe que salva no nace solo de “esfuerzo humano”; es un regalo de Dios. Jesús dijo: “Nadie puede venir a mí si el Padre… no lo atrae” Juan 6:44, y también: “Nadie puede venir a mí si no le es concedido por el Padre” Juan 6:65.

Ese tipo de fe es profundamente personal. Dios no la “lanza” desde lejos. Dios se acerca, despierta, abre ojos, rompe la dureza del corazón. Hay un lugar donde esa obra se ve muy clara: En la cruz.

Jesús fue crucificado entre dos criminales. No sabemos su historia, ni sus delitos exactos. Solo sabemos esto: al inicio, ambos se unieron a las burlas. “Los malhechores que estaban crucificados con él también lo insultaban” Mateo 27:44. Estaban muriendo… y aun así rechazaban al único que podía darles vida.

Pero entonces ocurrió algo imposible de explicar. Uno de esos hombres cambió. ¿Qué lo despertó? Tal vez el letrero sobre la cabeza de Jesús: “Este es Jesús, el Rey de los judíos” Mateo 27:37. Tal vez la oración de Jesús por sus verdugos. Tal vez la misma burla de la gente: “A otros salvó…” Marcos 15:31. ¿Cómo así que “salvó”? ¿Podría salvarme a mí?

No sabemos qué fue lo que lo detono, pero sí escuchamos el fruto: el evangelio en una respiración que se quebraba probablemente.

“¿Ni siquiera temes a Dios, estando en la misma condenación? Nosotros, a la verdad, justamente padecemos… pero este ningún mal hizo. Y dijo: ‘Jesús, acuérdate de mí cuando vengas en tu reino.’  Lucas 23:40–42

Ahí está el evangelio, directo y sin adornos. Este hombre, sin seminario, sin tiempo para “arreglar su vida”, predica con su boca lo que millones necesitan oír:

  • Reconoce a Dios: “¿Ni siquiera temes a Dios?”
  • Reconoce su culpa: “justamente padecemos… merecemos.”
  • Reconoce la inocencia de Jesús: “este ningún mal hizo.”
  • Reconoce la realeza de Cristo: “cuando vengas en tu reino.”
  • Y se entrega a la misericordia: “acuérdate de mí.”

Eso es fe. Eso es arrepentimiento. Eso es rendirse. Eso es un milagro.

Porque piensa: ¿qué podía hacer ese hombre para compensar su pasado? Nada. No podía bajar a reparar daños, ni devolver lo robado, ni “portarse bien” para ganar puntos. Estaba clavado. Sin futuro humano. Solo le quedaba una puerta: la gracia de Cristo. Y querido hermano, donde Dios está obrando, siempre hay una puerta.

Aquí está lo que tú y yo tenemos en común con ese ladrón, aunque nuestras historias sean diferentes:

  • Hemos pecado.
  • Merecemos condenación.
  • No podemos salvarnos a nosotros mismos.
  • Necesitamos un Salvador.

La cruz es el lugar donde la fe nace porque allí vemos dos cosas al mismo tiempo: la gravedad del pecado y la grandeza del amor. Y la fe, cuando Dios la concede, hace esto: deja de mirar al yo y empieza a mirar a Jesús. Un ladrón moribundo lo entendió en minutos. Y ese mismo Dios sigue abriendo ojos hoy.

Y aquí está la seguridad que viene después: si Dios pudo dar fe a un condenado en sus últimos momentos, no hay corazón demasiado duro, ni pasado demasiado sucio, para que Cristo salve. La cruz aún es poder. Y la resurrección confirma que el Rey que escuchó ese clamor vive para perdonar.

Preguntas de reflexión:

  • Basándote en las Escrituras, ¿cómo describirías tu vida y la condición de tu corazón antes de llegar a la fe en Jesucristo? ¿Qué tenías en común con el ladrón en la cruz?
  • ¿Cuál es tu «historia de fe»? Ya sea que fueras un joven o que te encontraras en una etapa más avanzada de la vida, ¿qué recuerdas acerca de cómo Dios se te dio a conocer, te mostró tu necesidad espiritual y te concedió la fe para creer en el evangelio y volverte a Cristo para salvación? ¿Quién podría ser bendecido o ayudado al escucharte compartir esa historia?

Paso práctico (hoy):

Haz tu propia oración “de ladrón” (simple y real):

“Jesús, yo soy culpable. Tú eres inocente. Yo no puedo salvarme. Acuérdate de mí. Ten misericordia de mí.”

Y luego comparte tu historia de fe (aunque sea en 2 minutos) con alguien esta semana. Dios usa testimonios sencillos para despertar fe.

Oración:

Padre, gracias por el regalo de la fe. Gracias porque tú atraes, despiertas y abres los ojos. Gracias por ese hombre en la cruz que, en el último momento, vio lo que muchos no vieron: a Jesús como Rey y Salvador. Haz que nuestro corazón siempre sensible, dependiente y agradecido. Y usa nuestras palabras y vida para que otros reciban ese mismo regalo: arrepentimiento y fe en Cristo. En el nombre de Jesús. Amén.

Devocional por YouTube: https://youtu.be/gf1MDNvtqQ4

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