“Mas él se apartaba a lugares desiertos, y oraba.”
Lucas 5:15–16
Hay una mentira muy aceptada hoy: “No oro porque no tengo tiempo.”
Y suena razonable, hasta que miramos a Jesús.
Si alguien tuvo días llenos, fue Él. Solo pensemos en las multitudes, los enfermos, los discípulos, los viajes, los conflictos, las necesidades urgentes, las interrupciones constantes. Y aun así Lucas dice: “a menudo se apartaba… y oraba.” No ocasionalmente. No “cuando se podía”. A menudo.
Aquí está la lección que nos confronta de una forma amorosa: Jesús no veía la oración como un extra para los días tranquilos. Jesús veía la oración como el corazón del día ocupado. Como decía un pastor: nosotros hacemos del ajetreo una razón para no orar; Jesús lo hizo una razón para orar más.
Mira un poco de su agenda (Marcos 5–6): cruza el mar, libera a un hombre atormentado, vuelve a cruzar, sana a una mujer con doce años de dolor, corre a casa de una niña moribunda, enseña en su pueblo, recorre aldeas, envía a los discípulos, escucha reportes, alimenta a cinco mil… y cuando termina una jornada imposible, ¿qué hace? “Se fue al monte a orar” (Marcos 6:46).
Jesús era un hombre muy ocupado… y por eso oraba.
Y miremos esto: Jesús oraba en los momentos “clave” y en los momentos “normales”.
- En su bautismo, antes de que el cielo se abriera, estaba orando (Lucas 3:21).
- Antes de escoger a los doce, pasó la noche en oración (Lucas 6:12).
- Antes de la transfiguración, estaba orando (Lucas 9:29).
- Y al final, en la cruz… murió orando.
Eso me golpea profundamente: Jesús no solo vivió trabajando; vivió orando. Él actuaba desde una dependencia consciente del Padre. No como una “técnica espiritual”, sino como relación: hablaba con Alguien que conocía íntimamente y amaba profundamente.
Entonces… ¿por qué nosotros no oramos así? ¿Por qué nos cuesta orar más?
A veces no es solo “falta de tiempo”. A veces creo que es:
- Autosuficiencia disfrazada: “yo puedo”.
- Distracción crónica: ruido que apaga el alma.
- Miedo a estar en silencio con lo que sentimos.
- Culpa: “no he sido constante, mejor ni empiezo”.
- Una imagen equivocada de Dios: como si orar fuera un deber frío, no un refugio o parte de servicio que damos a Él.
Pero Jesús nos muestra que la oración no es un peso extra; es restaurar el alma y espíritu. Y es también la forma de vivir el evangelio en el día a día: admitir que necesito ayuda y correr hacia el Padre celestial.
Y hay otra enseñanza que nos da libertad: Jesús no solo oraba cuando podía retirarse. A veces oraba en medio de la gente. Los discípulos lo vieron orar “en cierto lugar” y le dijeron: “Señor, enséñanos a orar” (Lucas 11:1). O sea, su oración no era solo “me retiro”; era una vida de comunión que se colaba en cualquier espacio.
Eso significa que tu vida también puede llenarse de oración sin esperar el “momento perfecto”. La oración puede transformar lugares comunes en lugares sagrados: la mesa, el carro, el pasillo, la llamada, el gimnasio, el trabajo, la caminata, el cuarto de los niños. No se trata solo de cantidad o ni siquiera de calidad; yo diría que se trata de conectar.
Y aquí lo conectamos con la cruz y la resurrección: Jesús oró porque sabía que el camino al Calvario requería dependencia, no autosuficiencia. En Getsemaní, la oración fue el puente entre el peso y la obediencia. Y la resurrección confirma que el Padre oye, sostiene y cumple su propósito, aun cuando la noche sea larga.
Orar no es escapar del deber; es entrar al deber con Dios.
Preguntas de reflexión:
- ¿Cuáles podrían ser las causas más profundas, más allá de las exigencias de tu horario, que te impiden una vida de oración?
- Busca una oportunidad para orar con alguien que el Señor te ponga en el camino hoy: un familiar, un compañero de trabajo, un amigo o incluso un completo desconocido.
Paso práctico (hoy):
Haz “oración por cortes” (3 cortes de 60 segundos):
- Al empezar tu día: “Padre, te necesito.”
- A mitad del día: “Jesús, guía mi corazón y mis decisiones.”
- Al cerrar el día: “Gracias, Espíritu Santo. Dame descanso.”
Y busca una oportunidad de orar con alguien hoy, aunque sea una oración breve: en casa, con un hermano, con un compañero de trabajo.
Oración:
Padre, perdóname por vivir como si pudiera sostenerme solo. Gracias por el ejemplo de Jesús: ocupado, pero nunca desconectado de Ti. Enséñame que la oración no es una casilla en mi lista; es vida, es refugio, es fuerza. En medio del ruido y las demandas, recuérdame: te necesito cada hora. Llévame a caminar con Jesús hacia la cruz con dependencia humilde, y hacia la resurrección con confianza viva. Amén.
Devocional en YouTube: https://youtu.be/Uo5iD28WQRs

Deja un comentario