Viviendo una vida centrada en Cristo

“Cuando se cumplió el tiempo, Dios envió a su Hijo, nacido de mujer.”

Gálatas 4:4

¿Por qué el pecado todavía se siente atractivo a veces? Si somos honestos, nos ha hecho daño una y otra vez… y aun así, en el momento equivocado, parece “cómodo”, “razonable”, “preferible”. ¿Cómo puede ser?

Hay una respuesta simple y dolorosa: el pecado se vuelve más atractivo cuando aparto mi mirada de Jesús. Y lo contrario también es cierto: mientras más lo contemplo, menos me gusta el pecado. No porque yo me vuelva invencible, sino porque Cristo se vuelve más fuerte y deseable en nuestras vidas.

Por eso estas verdades “teológicas” no son para académicos; son para gente cansada que pelea tentaciones reales. Contemplar a Jesús no es un lujo intelectual. Es un arma espiritual.

Hoy contemplamos una de las realidades más profundas: Jesús es una sola Persona con dos naturalezas. Totalmente Dios. Totalmente hombre.

Sin mezcla, sin confusión, sin división. Unido en uno solo, el Cristo.

Suena como un misterio… porque lo es. Pero no te asustes: si Jesús fuera fácil de explicar, sería pequeño. Y Jesús no es pequeño.

Isaías lo anunció con una frase que contiene el “paradoja” completa:

  • “Un Niño nos es nacido” — humanidad.
  • “Un Hijo nos es dado” — divinidad. (Isaías 9:6)

Y Pablo lo resume así: Dios envió a su Hijo… nacido de mujer (Gálatas 4:4). Un mismo Jesús, dos realidades completas.

Los evangelios lo muestran en cada página. Jesús participa de lo humano… y manifiesta lo divino:

  • Va a una boda (humano) y convierte agua en vino (divino).
  • Se cansa y se duerme en una barca (humano) y luego calma la tormenta (divino).
  • Llora frente a una tumba (humano) y resucita a Lázaro (divino).

Y esto no fue temporal, como si Jesús “se quitara” la humanidad después. No. Jesús resucitó con cuerpo. Hoy reina como Dios-hombre. Y la resurrección sella esta verdad: la humanidad no es un accidente; es parte del plan eterno de Dios.

Ahora, ¿por qué importa esto para tu vida diaria, tus tentaciones, tus luchas?

Porque si Jesús fuera solo Dios, podríamos temer que no nos entiende.

Y si Jesús fuera solo hombre, podríamos temer que no pueda salvarnos.

Pero en Cristo tiene ambas cosas en una sola Persona:

  • Su humanidad significa que está dispuesto a salvarte.
  • Su divinidad significa que es poderoso para salvarte.

Eso es exactamente lo que necesitamos: un Salvador que quiera… y que pueda. Uno que se acerque sin desprecio y que rescate sin fallar.

Y aquí conectamos con la cruz: solo un hombre podía morir. Solo Dios podía darle a esa muerte valor eterno para rescatar multitudes. En la cruz se unen ambas naturalezas en una obra perfecta: el Hombre obedece hasta el final… y Dios en ese Hombre carga con nuestro pecado. Por eso la cruz no es solo conmovedora; es eficaz. Perdona. Reconcilia y nos da libertad.

Y aquí conectamos con la resurrección: solo Dios puede vencer la muerte. Pero la muerte fue vencida en un cuerpo humano real. Jesús no resucitó como idea; resucitó como Persona. Y eso significa que tu futuro no es una fantasía: es una esperanza viva.

Entonces, cuando la tentación te mire a los ojos y te prometa alivio rápido, recuerda: no estás eligiendo entre “pecado” y “nada”. Estás eligiendo entre una mentira que hiere… y un Salvador completo. A veces la batalla se reduce en donde ponemos nuestra mirada o atención: ¿voy a quedarme mirando la tentación… o voy a mirar a Cristo?

Porque al final, el pecado pierde fuerza cuando Jesús gana hermosura en tu corazón.

Preguntas de reflexión:

  • ¿Por qué importa que Jesús sea una sola persona con dos naturalezas: completamente Dios y completamente humano?
  • ¿Qué diferencia podría hacer en tu vida entre enfrentar la tentación y mirar fijamente a los ojos de tu Salvador?

Paso práctico (hoy):

Haz este ejercicio breve:

  1. Nombra una tentación recurrente: “Hoy me atrae ______.”
  2. Di en voz alta: “Jesús, Tú eres suficiente: dispuesto y poderoso.”
  3. Lee lentamente Gálatas 4:4 y Isaías 9:6, y termina con una frase: “Cristo, te escojo a Ti.”

Oración:

Padre, te alabo por el misterio y la belleza de Jesús: plenamente Dios y plenamente hombre. Gracias porque en el mismo Salvador tenemos lo que necesitamos: comprensión y poder; cercanía y rescate; gracia y verdad. Cuando el pecado se vuelva atractivo, vuelve nuestra mirada a Cristo. Que su hermosura apague nuestros deseos torcidos. Llévanos a la cruz con gratitud, y a la resurrección con esperanza, porque Jesús es suficiente para hoy y para la eternidad. Amén.

Devocional por YouTube: https://youtu.be/IGR2zx5po60

Deja un comentario