Cuando salió Jesús, llevaba puestos la corona de espinas y el manto color púrpura. —¡Aquí tienen al hombre! —les dijo Pilato.
Juan 19:5
En un mundo confundido sobre lo que significa ser hombre, hay una escena que nos obliga a mirar de nuevo: Pilato presenta a Jesús golpeado, humillado, coronado de espinas, y dice: ¡Aquí tienen al hombre!” No lo dijo para adorarlo, sino para exhibirlo. Pero sin querer, proclamó una verdad: ahí estaba el Hombre verdadero. El hombre como Dios lo diseñó.
Ayer vimos la humanidad de Jesús. Hoy lo miramos en algo más específico: Jesús fue hombre. No un concepto, no un símbolo neutro. Un varón. Y su masculinidad no fue un accidente; fue parte del plan redentor: el Mesías prometido cumpliría los roles de profeta, sacerdote y rey—figuras que en el Antiguo Testamento apuntaban hacia Él.
Pero lo más valioso de esto no es el debate cultural. Es el consuelo: en Jesús encontramos hombría sana, limpia, firme, tierna, y valiente. En una época donde tantos han sufrido por masculinidades rotas—violentas, ausentes, frías, y manipuladoras—Jesús aparece como hombre en una forma saludable. Él trató a las mujeres con honor, dignidad, y respeto. No fue controlador. No fue seductor. No fue intimidante. Fue seguro. Fue limpio. Fue protector sin ser posesivo. Fue cercano sin ser irrespetuoso.
¿Y qué es “ser hombre” a la manera de Jesús? Es un equilibrio perfecto:
Jesús fue fuerte, pero no fuerza bruta.
Fue tierno, pero no débil.
Fue directo, pero no cruel.
Fue valiente, pero no impulsivo.
Fue firme, pero no orgulloso.
La Biblia lo resume con una frase que parece imposible unir: “lleno de gracia y de verdad” (Juan 1:14). Muchos hombres (y mujeres) caen en un extremo: o pura “verdad” sin gracia—duros, cortantes—o pura “gracia” sin verdad—pasivos, complacientes. Jesús fue ambos, en armonía. Sabía cuándo volcar mesas en el templo… y sabía cuándo no apagar la mecha que humea (Mateo 12:19–20). Sabía levantar la voz… y sabía susurrar al corazón quebrado.
Esa es la valentía bajo control: poder con amor.
Y aquí entra la cruz. La hombría de Jesús no se prueba por músculos ni por dominio. Se prueba por obediencia. Jesús le dijo a sus discípulos que debía ir a Jerusalén, sufrir, ser rechazado, morir… y resucitar al tercer día (Mateo 16:21). Pedro trató de detenerlo: “¡Esto nunca te pasará!” Pero Jesús “puso su rostro como pedernal” (Isaías 50:7). No por terquedad, sino por misión. Fue con el viento en contra, firme, porque sabía que la salvación del mundo estaba al otro lado de su sacrificio.
Si lo comparamos con Adán, el primer hombre vemos que Adán estaba llamado a ser el hombre que protege, lidera y guarda. Pero cuando la serpiente atacó, Adán estuvo ahí… y no hizo lo que debía (Génesis 3:6). Se silencio. Fue pasivo. el primer hombre fallo. Y esa pasividad abrió la puerta al desastre.
Jesús es el segundo Adán. Él no se quedó callado frente al mal. No se hizo espectador. Él se metió en la batalla y cargó el costo. Y su hombría se ve de manera especial en cómo ama a su esposa: la iglesia. Cristo es el Novio que persigue, rescata, limpia, protege y entrega su vida por su novia. No usa a su novia. No la humilla. No la abandona. Muere por ella. Esa es la máxima expresión de liderazgo: un liderazgo sacrificial.
Esto importa para todos, no solo para los hombres. Porque las mujeres también son llamadas a fortaleza y valentía. Pero Jesús, como el Hombre perfecto, se convierte en el modelo que inspira a todos: a hombres a ser firmes y tiernos; a mujeres a confiar en un Salvador que honra y cuida; y a la iglesia entera a no esperar perfección de ningún líder humano, porque solo Cristo es el Hombre perfecto.
Por eso el llamado final del pasaje es tan saludable, como dijo la Samaritana a las personas de su pueblo en Juan 4:29 “Vengan a ver a un hombre”. Querido hermano, no deposites tu esperanza en hombres imperfectos. Mira a Jesús. Y deja que Él sane lo que otros dañaron. Deja que su cruz redima tu historia. Y deja que su resurrección te asegure que el mal no tendrá la última palabra.
Preguntas de reflexión:
- ¿Cómo es de bendición la hombría de Cristo a su esposa, la iglesia?
- ¿Cómo te anima o inspira la perfecta hombría de Jesús como hombre o mujer?
Paso práctico (hoy):
Si eres hombre: elige una acción concreta de “valentía bajo control” hoy—pedir perdón, decir la verdad con humildad, proteger a alguien vulnerable, servir sin aplauso.
Si eres mujer: entrégale a Jesús cualquier herida causada por un hombre, y pídele que redefina tu visión de seguridad y amor: “Muéstrame al Hombre perfecto.”
Oración:
Padre, gracias por Jesús, el Hombre verdadero. En medio de tanta confusión, gracias por darnos un modelo limpio, fuerte y tierno, lleno de gracia y verdad. Sana en nosotros lo que el pecado ha distorsionado: orgullo, pasividad, dureza, miedo. Forma en los hombres un corazón como el de Cristo: firme y sacrificial. Forma en las mujeres una confianza segura en tu cuidado y en el amor de Jesús. Y como iglesia, haznos descansar en el único Hombre perfecto, el que fue a la cruz por nosotros y resucitó para darnos vida. En el nombre de Jesús. Amén.
Devocional en YouTube: https://youtu.be/nK5KypgdL8w

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