Viviendo una vida centrada en Cristo

¿No sabían que en los negocios de mi Padre me es necesario estar?

Lucas 2:49

Hay una pregunta que muchos se hacen, aunque la Biblia no la responde con detalle: ¿cuándo se dio cuenta Jesús quién era el realmente? No lo sabemos. Pero sí sabemos esto: a los doce años Jesús ya tenía claridad de identidad y dirección. Y esa claridad no lo hizo orgulloso; lo hizo obediente. No lo hizo distante; lo hizo profundamente enfocado.

Lucas nos cuenta un momento sorprendente: una familia viajando de regreso a casa, y de pronto se dan cuenta de que Jesús no está. Regresan desesperados. Pasan horas… luego un día… luego otro… y finalmente lo encuentran en el templo, en la casa del Padre, sentado entre maestros, escuchando y preguntando. Cuando María lo confronta, Jesús responde con sus primeras palabras registradas en la Escritura: “Me es necesario estar en la casa de mi Padre.”

Esa frase tiene una palabra que marca el rumbo de toda su vida: “necesario.” “Debo.” “Me es necesario.” No es un capricho. No es una emoción. Es un llamado. Es un propósito. Es fuego interior. Y ese fuego, que empieza a verse en la adolescencia, termina llevándolo a la cruz.

Porque el “debo” de Jesús no se quedó en el templo. Creció con Él, se intensificó con el tiempo:

Por ejemplo, vemos en:

Lucas 4:43 – “Debo predicar el evangelio del reino”.

Lucas 9:22 – “El Hijo del Hombre debe padecer… y ser desechado”.

Lucas 24:44 – “Todo lo que está escrito… debe cumplirse”.

¿Ves el patrón? Desde los doce años hasta el Calvario, Jesús vivió con una convicción santa: nada era opcional cuando se trataba de hacer la voluntad del Padre. No vivía distraído. No vivía a la deriva. Vivía dirigido. Y esa dirección no lo libró del dolor; lo llevó directamente al lugar donde el amor salva.

Ahora, Lucas añade algo clave sobre su juventud: “Jesús crecía en sabiduría, en estatura, y en gracia para con Dios y los hombres” (Lucas 2:52). La palabra “crecía” o “aumentaba” no es pasiva. Es la idea de abrir camino en un monte cerrado, como pioneros que cortan maleza, troncos, obstáculos, para avanzar hacia una meta. Es crecimiento con esfuerzo, con intención, con determinación.

Eso es valioso, porque a veces nosotros confundimos “crecer” con “envejecer”. Pero Jesús nos muestra que se puede crecer por dentro. Y que crecer por dentro implica decisiones. Implica prioridades. Implica decir: “Esto sí. Esto no. Esto me acerca al Padre. Esto me adormece el alma.”

¿Y cómo crecía Jesús? Lucas nos lo muestra con dos acciones sencillas, pero poderosas: escuchando y preguntando (Lucas 2:46).

Escuchar: crecer es tener oídos antes que boca. Es aprender. Es recibir consejo. Es dejar que la Palabra te confronte.

Preguntar: crecer es ser enseñable. Es tener hambre. Es querer entender. Es no conformarse con lo superficial.

Y aquí está lo hermoso: Jesús, siendo el Hijo de Dios, no hizo de su identidad un atajo para evitar el proceso. En su humanidad, se sometió a crecer. Y al mismo tiempo, se sostuvo en una prioridad: estar donde el Padre está, amar lo que el Padre ama, buscar lo que el Padre busca.

Eso nos toca hoy a ti y a mí, porque muchos estamos en riesgo de quedarnos estancados: mucha información, poca transformación; mucha actividad, poca devoción; mucho ministerio, poca casa con el Padre. Jesús a los doce nos llama de vuelta a lo esencial: “me es necesario…”. No por legalismo. Por amor. Porque el amor verdadero tiene dirección.

Y esta es la conexión con la cruz: el Cristo que a los doce dice “debo estar en la casa de mi Padre” es el Cristo que más adelante dirá “debo sufrir”, y finalmente dirá “consumado es”. Su vida fue una escalera de obediencia que culminó en el sacrificio. Y por ese camino, Él nos abre un camino: no solo para admirarlo, sino para seguirlo—hacia la cruz… y algún dia hacia la resurrección.

Paso práctico (hoy):

Completa esta frase con honestidad: “Padre, hoy me es necesario…” (ej.: “volver a tu Palabra”, “pedir perdón”, “cortar una distracción”, “buscar consejo”, “servir con pureza”, “ordenar mis prioridades”). Luego haz una acción concreta de 10 minutos: leer Lucas 2:46–52 lentamente y hacerle a Dios una pregunta real: “Señor, ¿en qué área quieres que yo aumente?”

Preguntas de reflexión:

  • ¿De qué maneras estás profundizando tu comprensión de los caminos y la Palabra de Dios?
  • ¿Cómo podrías animar a los jóvenes que te rodean a buscar a Dios durante sus años de formación?

Oración: Padre, el ejemplo de Jesús en su juventud me confronta y me inspira. Pon en mí un hambre que no se apague por conocerte, escucharte y aprender de ti. Líbrame de la distracción y del estancamiento. Hazme crecer con intención, como Cristo creció, hasta vivir completamente rendido a tu voluntad. Y úsame para animar a los jóvenes a encontrarte temprano, a amar tu casa, tu Palabra y tu propósito. Llévame, día tras día, más cerca de la cruz y más firme en la esperanza de la resurrección. En el nombre de Jesús. Amén.

Devocional por YouTube: https://youtu.be/SfCUVUX8ipc

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