Viviendo una vida centrada en Cristo

Hay días en los que uno no se siente fuerte en su fe. Se siente como caminar con preguntas en la mano. Y ahí es donde muchos nos rendimos… porque confundimos confiar con tener certeza.

Pero Romanos 12:1–2 nos enseña otro camino: la voluntad de Dios se descubre cuando primero nos rendimos No empieza con “Señor, explícame todo”. Empieza con: “Señor, aquí estoy. Soy tuyo.” 

Jesús lo vivió así. En Getsemaní no negoció con el Padre desde para tener el control, sino que se entregó: “No se haga mi voluntad, sino la tuya” (Lucas 22:42). Y estando en la cruz, cuando el dolor era real, declaró lo más poderoso del universo: “Todo está cumplido” (Juan 19:30). 

Eso cambio todo. Porque la cruz nos dice: ya no tenemos que cargar el peso de salvarnos a nosotros mismos. Ya no tenemos que vivir como esclavos de la aceptación, del miedo, de la comodidad o del control.

La clave es: que las promesas de Dios no son frases bonitas. Tienen un Nombre. La Biblia dice que todas las promesas de Dios encuentran su “Sí” en Jesús (2 Corintios 1:20). O sea: cuando Dios promete, lo hace con el carácter de Cristo, su Hijo respaldándolo.

Hoy, si la ansiedad te predica: “¿Y si no sale?”, “¿Y si pierdo?”, “¿Y si estoy solo?”… responde con la cruz:

“Dios ya mostró su amor. Jesús es fiel. Yo daré el próximo paso con Él.” “Te invito a que tu también lo des”.

Un paso práctico para hoy:

Detente un minuto. Nombra la presión que te está tentando (miedo, control, aprobación o comodidad). Luego elige una promesa de la Palabra y dile al Señor: “Jesús, Confió en Ti y no quedare defraudado.” Y da el próximo paso con confianza, obedeciéndole a través de Su Palabra, aunque sea pequeño, comenzaras a ver cambios poderosos en tu vida.

David Pineda

Para ver el devocional por YouTube: https://youtu.be/2eWVH-Xsszs

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