Juan 17:3 dice que la vida eterna es esto: conocer al único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien Él envió. Esa frase es sencilla, pero si la dejamos entrar al corazón, lo cambia todo. No nos llama primero a hacer más cosas para Dios, sino a conocer a Dios por medio de Jesús. Y cuando uno realmente lo conoce, inevitablemente empieza a hablar de Él, a vivir para Él y a compartirlo con otros. Por eso nuestra visión se resume tan bien en una idea: Conocer a Jesús y darlo a conocer.
A veces creemos que “conocer a Jesús” es acumular información, como si la fe fuera un examen. Pero en las Escrituras, conocer es relación, cercanía, confianza. Pablo lo dijo con una claridad que desafía: “Considero todo como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús” Filipenses 3:8. No es que Pablo despreciara todo lo demás, es que encontró un tesoro más grande. Conocer a Cristo no fue un tema más en su vida; fue su razón de vivir. Pedro nos dijo que el crecimiento espiritual se mide de esta forma: “Crezcan en la gracia y el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo” 2 Pedro 3:18. Crecer no es solo mejorar conductas; es profundizar en una Persona, JESUS.
Te puedes preguntar: ¿Por qué es tan urgente conocerlo? Porque Jesús no es simplemente un buen maestro, ni solo un ejemplo moral: Jesús es la revelación perfecta de Dios. Hebreos 1:3 afirma que el Hijo es el resplandor de la gloria de Dios y la imagen misma de su ser. Jesús no es “más o menos” parecido a Dios; Jesús es la representación exacta de quién es Dios. Por eso Jesús le dijo a Felipe: “El que me ha visto a mí, ha visto al Padre” Juan 14:9. Cuando te preguntas cómo es Dios con un pecador, miremos a Jesús. Cuando te preguntas cómo trata Dios a una persona quebrantada, miremos a Jesús. Cuando sientes que Dios está lejos, vuelve a Jesús. En Él encontramos un “norte”, una dirección segura: el Dios-hombre que el mundo necesita, la verdad con gracia, la santidad con compasión.
Otra razón de porque es tan importante conocer a Jesús, es porque Él nos abre la puerta a una intimidad real con Dios. Juan 1:18 dice que nadie ha visto a Dios, pero el Hijo unigénito, que está en el seno del Padre, lo ha dado a conocer. Esa imagen del “seno” habla de cercanía, afecto, protección. Y lo impresionante es que, por medio de Cristo, nosotros también somos invitados a acercarnos de esa misma manera. El apóstol Juan aparece recostado cerca del pecho de Jesús (Juan 13:23), como un niño que encuentra seguridad en el amor. No es un privilegio reservado para unos pocos “muy espirituales”; es la invitación del evangelio para todo discípulo: entrar a una relación tan profunda con Cristo que transforme nuestra mente, sane nuestras heridas y renueve nuestros corazones.
Además, conocer a Jesús es vital porque Jesús sostiene todas las cosas. Colosenses 1:17 enseña que en Él “todas las cosas subsisten”; y Hebreos 1:3 dice que Él sustenta el universo con la palabra de su poder. Eso significa que tu vida no depende finalmente de ti, tu no la controlás, no es tu fuerza o tu capacidad de anticiparte a todo. Jesús sostiene lo pequeño y lo grande, lo visible y lo invisible, la creación y tu historia personal. Y eso también añade urgencia, porque Pedro nos recuerda que un día los cielos pasarán y los elementos serán deshechos (2 Pedro 3:10–11). En otras palabras, llegará un momento en que este mundo, tal como lo conocemos, terminará. Por eso no podemos dar a largas lo esencial: que es conocer a Cristo hoy, aprender a amarlo hoy, obedecerlo confiadamente hoy, y ayudar a otros a conocerlo.
Tal vez la forma de vivir su vida sea más simple de lo que imaginás. Aparta un momento y dile a Jesús con honestidad: “No quiero solo saber de Ti; quiero conocerte a Ti.” Lee Juan 14:9despacio y pídele que te muestre al Padre. Confiesa aquello que te está robando paz, y entrégaselo al que sostiene todas las cosas. Y luego piensa en alguien a quien puedas bendecir con una conversación, una invitación, una oración, una palabra de ánimo. Cuando Jesús se vuelve el centro, la misión no se siente como una carga; se siente como el gozo natural de compartir un tesoro.
Oración: Señor Jesús, hoy te pongo en el centro de mi vida. Perdóname cuando me he quedado en lo superficial o cuando he vivido más por rutina que por relación. Gracias porque Tú revelas perfectamente al Padre, gracias porque me invitas a una cercanía real contigo, y gracias porque sostienes mi vida aun cuando yo no puedo sostenerla. Enséñame a conocerte más, a amarte más y a obedecerte con alegría. Y úsame para que otros también te conozcan, en mi casa, en mi iglesia y hasta lo último de la tierra. Amén.
David Pineda

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